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HISTORIA DEL TANGO: EL TANGO MILONGA

Hacia 1900 era tal la fama, o mejor dicho, la mala fama del tango, que a pesar de ser un baile prostibulario, todo Buenos Aires sabía de su existencia. Pero los hombres aficionados a este baile tenían un problema, y es que no lo podían bailar en los bailes decentes, ya que ninguna mujer decente podía conocer esta danza, incluso el que los músicos la tocasen estaba mal visto. Este hecho, y sobre todo, el afán exhibicionista del porteño, deseoso de enseñar a cualquiera sus conocimientos tangueros, hicieron que muchas veces los hombres bailaran entre si. El tango, por sus oscuros y carnales orígenes era cosa de muy machos, y no había nadie con más ganas de presumir de hombría que el arrabalero porteño. Por eso, el que dos hombres bailasen juntos, lejos de cualquier otra interpretación, era una demostración de hombría.
Pero el problema de no poder bailar el tango en los bailes decentes seguía existiendo. Y para solucionarlo, se creó el tango-milonga o tango milonguero, que empezó siendo una versión adecentada del tango prostibulario. En el tango-milonga no se hacían cortes ni quebradas, la música era más rápida y vivaz para dificultar el contacto entre los cuerpos, y las letras de las canciones no hacían ninguna alusión al sexo, como era costumbre en los primeros tangos. A pesar de todo, este tango sólo se bailaba en los barrios marginales de los arrabales y, por supuesto, seguía siendo mal visto por las clases acomodadas. No obstante, sirvió para que la gente humilde de los conventillos, que eran el equivalente de las casas de corrala madrileñas, pudieran tener una alegría en sus difíciles vidas.
El tango milonga dio lugar más tarde a la aparición del tango canyenge u orillero, y más tarde al baile que hoy en día conocemos como milonga.




HISTORIA DEL TANGO: EL TANGO EN EUROPA


En los años anteriores a 1920, ya se estaban fraguando lo que luego serían los locos años veinte, sobre todo en París, que por aquel entonces era la capital cultural de Europa. Las mujeres europeas habían aligerado y acortado sus indumentarias, incluso fumaban en público. En París, las clases burguesas y acomodadas estaban ávidas de cosas nuevas y diferentes. El esnobismo estaba de moda. Y a París llegó el tango como algo exótico y morboso y, por eso, rápidamente triunfó en los suntuosos salones de baile parisinos, y de ahí se extendió por toda Europa.
Bien es cierto, que al principio hubo una confusión lógica. A los primeros tangueros argentinos se les obligaba a vestirse de gauchos, algo así como si para bailar sevillanas hubiera que vestirse de torero. Pero poco a poco, el tango se fue asentando y expandiéndose por el viejo continente. El que fuese introducido por las clases más pudientes, dio al tango una elegancia y un glamur que hasta entonces no había tenido. El tango de los años veinte era, pues, una mezcla de pasión y elegancia.
La aparición de inventos como la radio y el gramófono, dio lugar a la aparición del tango como canción, y a la difusión de los cantantes de tango. El tango era más una canción que un baile, y las estrellas del tango eran los cantantes. El tango se convierte en la música más oída y bailada. La aparición de Gardel en esta época, finales de los veinte y principios de los treinta, supone el momento de máximo esplendor del tango.
Después de la segunda guerra mundial, Estados Unidos se convierte en la gran potencia mundial, tanto en lo militar como en lo cultural, e impone en todo el mundo sus nuevos ritmos derivados del swing: woogie woogie, rock and roll... y en los años sesenta, con la aparición de la música disco, las salas de baile se convierten en discotecas.




Imágenes grabadas en Buenos Aires